Trabajador sanitario lucha sin pago para frenar el brote de ébola más rápido de la historia
En la provincia de Ituri, República Democrática del Congo, un equipo sanitario enfrenta graves retos para contener el brote de ébola desde mayo de 2026.
Wiza Bondele, un trabajador de control de infecciones en un hospital de la provincia de Ituri, en el este de la República Democrática del Congo (RDC), lucha diariamente para detener el brote de ébola más rápido y letal registrado hasta la fecha. A pesar del riesgo constante de contagio, Bondele y cientos de sus compañeros trabajan sin recibir sus salarios desde que comenzó la crisis en mayo de 2026, lo que agrava la difícil situación sanitaria y social en la región.
El contexto del brote y los riesgos para los trabajadores
El brote actual, vinculado al virus Bundibugyo para el cual no existen vacunas ni tratamientos aprobados, ha superado los 4,000 casos confirmados y más de 1,800 muertes, según datos oficiales. Ituri concentra casi el 90% de estos contagios, convirtiéndose en el epicentro de esta emergencia sanitaria.
El ébola se transmite por contacto directo con fluidos corporales infectados, lo que expone al personal sanitario a un alto riesgo. Bondele, de 29 años, describe su labor diaria: “A veces, los pacientes están sangrando o vomitando sangre. Limpiamos y desinfectamos esos lugares. Con riesgos así, merecemos salarios”.
Dificultades salariales y consecuencias en la atención
Desde el inicio del brote, muchos trabajadores como Bondele no han recibido el pago prometido de 510 dólares mensuales. Aunque las autoridades aseguran que los pagos están en proceso y se están haciendo mediante transferencias móviles, la realidad en el terreno es distinta; solo algunos han cobrado y otros han recibido montos incompletos.
Este impago afecta la vida cotidiana de los trabajadores, quienes deben cubrir gastos básicos como alimentación, transporte y vivienda. Bondele relató una experiencia que ejemplifica la precariedad: “Me quedé sin combustible en el camino y tuve que caminar 13 kilómetros con mis zapatos rotos para llegar al hospital”.
En semanas recientes, las protestas y huelgas del personal sanitario por falta de pago interrumpieron la atención en algunos centros, complicando aún más la respuesta al brote. El doctor Adelard Lufungula, gerente de operaciones de la campaña contra el ébola, afirmó que se trabaja para solucionar las demoras, pero la incertidumbre persiste.
Inseguridad y desconfianza dificultan la contención
Además de los problemas económicos, la respuesta sanitaria enfrenta un contexto de inseguridad y desinformación. La región está marcada por conflictos armados y una profunda desconfianza hacia las autoridades y los equipos de salud.
Bondele comenta que ha sido amenazado y hasta golpeado mientras intenta concienciar a la población sobre las medidas preventivas, como el lavado de manos y la prohibición de entierros tradicionales. La resistencia social y los rumores han provocado ataques violentos contra hospitales y equipos de entierro, dificultando el rastreo de contagios y la atención temprana.
El brote en RDC pone de manifiesto la complejidad de enfrentar una epidemia en zonas con conflictos y condiciones precarias, donde el apoyo a los trabajadores de primera línea es clave para controlar la crisis.
El trabajo de personas como Wiza Bondele es fundamental para contener el avance del ébola, pero las condiciones laborales y la inseguridad representan un gran obstáculo en esta batalla. Para más información sobre las epidemias y su control, la Organización Mundial de la Salud ofrece recursos actualizados y confiables.